Querido diario…
Quería contarte lo que significa viajar para mi; consiste en sumar experiencias, permitiendo que el alma se expanda despacio, que la mirada se abra sumando nuevos aprendizajes.
A veces me pregunto de dónde nace esta necesidad casi física de andar, de descubrir, de perderme para volver a encontrarme. Quizá sea una forma íntima de buscarme en otros paisajes.
Todavía recuerdo la sacudida que me causó estar en Roma frente al Coliseo. Caminar entre sus ruinas, me hizo sentir el peso de la historia bajo los pies y el deseo latiendo en el aire. Cada piedra habla de gloria y caída, de belleza que resiste al tiempo. Hay ciudades que simplemente se sienten.

Por otro lado en Egipto frente a las pirámides me sentí pequeña, casi desnuda ante el tiempo. El silencio pesa, la inmesidad impone. Allí entendí lo frágiles que somos… y lo intensamente vivos ue estamos cuando dejamos de correr y simplemente sentimos.
Brujas despertó otros sentidos. El olor del chocolate caliente colándose por las calles estrechas, los gofres recién hechos entre las manos, crujientes por fuera, suaves por dentro. Comerlos despacio, sin prisa, fue un placer sencillo y profundo, que todavía puedo saborear al cerrar los ojos mientras lo recuerdo.
Budapest me sedujo con calma. Sus balnearios, el vapor envolviendo la piel, el agua caliente relajando pensamientos y músculos. Con el contraste de la ópera que descubrí al caer la noche, tan elegante, intensa, casi íntima. Una ciudad que sabe cómo envolverte.
Uno de mis finales de año favoritos, lo viví en Alemania. Paisajes fríos, luces suaves, calles nevadas…


También tengo que hacer una mención especial a mis aventuras por España, mi casa, un lugar que me atrapa. Conozco el sur dónde el sol dora la piel sin pedir permiso, donde el salitre se queda pegado al cuerpo y el tiempo se alarga entre risas, baños tardíos y noches que no quieren terminar. El norte, en cambio, es aire fresco en la cara, montañas verdes, caminatas que despejan la mente y mesas donde se come demasiado bien, sin culpa, disfrutando cada bocado. Viajar por mi país es reconciliarme con el placer de lo cercano, re descubrirlo desde otro lugar.







Y estos son solo algunos de los destinos que he visitado. Hay muchos más. Y aún más los que me esperan.
Porque Viajo para transformarme. Para dejarme tocar por lo diferente. Para volver siempre siendo la misma… pero nunca igual.
El mundo es demasiado grande, demasiado lleno de historias. Y yo quiero escucharlas todas.
También compartiendolas. Porque hay viajes que se disfrutan más cuando se descubren a dos miradas, cuando la complicidad también forma parte del equipaje, y cuando explorar juntos convierte cada destino en algo todavía más interesante.
